El territorio de Castiadas conserva huellas antiquísimas de la presencia humana. En diversas áreas se señalan restos de asentamientos prehistóricos vinculados al mundo prenurágico y nurágico: son testimonios a menudo discretos, fragmentos de piedra y muros apenas emergentes, que el tiempo y la vegetación han “reabsorbido” en parte en el paisaje. Precisamente esta dimensión oculta, sin embargo, hace que el descubrimiento sea aún más fascinante para quienes gustan de caminar con atención y leer el territorio.

Entre las evidencias más interesantes destacan las Domus de Janas de la localidad de Maloccu: pequeñas cámaras excavadas en la roca, antiguas arquitecturas hipogeas que remiten a una época anterior a los nuragas. Son lugares sugerentes y poco frecuentados, que narran una Cerdeña lejanísima y una forma de habitar (y de imaginar el más allá) ya sorprendentemente estructurada.

En torno a estas cavidades excavadas en la piedra, con el tiempo, han nacido también muchos relatos populares: se trata de historias que atribuyen las “casas” a presencias misteriosas y diminutas, vinculadas a la noche, a la magia y a capacidades extraordinarias. Hoy en día, los estudiosos interpretan las Domus de Janas como sepulturas: espacios funerarios diseñados para evocar el ambiente doméstico, casi como recreando “una casa” para el tránsito y la continuidad del difunto. En Cerdeña se cuentan más de un millar, lo que confirma una tradición extendida e importante.

Junto a los testimonios más antiguos, Castiadas ofrece también un lugar capaz de narrar una historia mucho más cercana: el Museo de las Antiguas Cárceles. Ubicado en las estancias del antiguo complejo, el museo permite recorrer una página significativa de la memoria local, vinculada al periodo de la colonia penal y a la transformación del territorio. Es una visita que ayuda a comprender no solo los edificios, sino también el contexto social y humano que ha marcado la identidad de Castiadas.